
Para muchos padres, ver la carita de su hijo a hija nada más nacer es la mayor alegría del mundo que pueden recibir.
Sin embargo, esa alegría dura poco porque acto seguido les embarga un mar de dudas sobre si serán capaces o no de poder darle a esa criatura un futuro, de si sabrán cuidarla como se merece.
Los padres primerizos suelen tener bastante miedo a acercarse al bebé. Al principio hay padres que son algo reacios a coger al bebé por temor a hacerle daño por apretar demasiado, o al contrario, no sujetar con bastante fuerza y que se pueda caer.
Para ellos la espera que supone la dilatación y el parto se hace eterno; ver cómo su pareja sufre sin que ellos puedan hacer nada, para muchos, es un dolor aún mayor que el que la madre pueda estar sufriendo.
Aunque, claro, también podemos encontrarnos con esos padres primerizos que no aguantan la presión y acaban en una camilla auxiliar porque se han desmayado y los médicos han tenido que atenderle a él también.
Sea como sea, un padre primerizo tiene los mismos miedos e inquietudes que una madre, sólo que las madres tenemos una ventaja, el instinto materno; mientras que los padres han de basarse en la experiencia para poder desenvolverse con soltura con un bebé.
Publicado por Akachan en - Paternidad, Familia el 6 Agosto, 2008
