Exceso de líquido amniótico (I)

Una de las complicaciones que podemos encontrarnos en un embarazo es un exceso de líquido amniótico, también llamado polihidramnios.

Este problema puede conllevar dificultades tanto a la madre como al bebé e incluso puede ser síntoma de una enfermedad.

A modo de explicación, el líquido amniótico es un líquido que rodea y protege al feto durante los meses de embarazo. Al principio, mientras el embrión se está formando, el líquido amniótico no es peligroso pero a los dos meses el feto puede inhalar el líquido.

Para saber la cantidad de líquido amniótico que hay se hace a través de una ecografía a la que llaman “índice de líquido amniótico” (ILA) que mide la profundidad del fluido en cuatro cuadrantes del útero. Si esa profundidad es superior a veinticuatro centímetros entonces se está ante un polihidramnios.

Como en todas las enfermedades, existen diferentes grados de polihidramnios, y, por tanto, sus síntomas serán diferentes.

Por ejemplo, el polihidramnios leve apenas si va a presentar síntomas, podríamos decir que, dentro de lo que cabe, no es muy peligroso aunque conviene vigilarlo de cerca para saberlo todo.

Sin embargo, un grado severo de polihidramnios puede causar malestar abdominal y problemas para respirar. Además, se aumenta el riesgo de mayores complicaciones durante el embarazo (parto prematuro, desprendimiento de la placenta, rotura de la bolsa, hemorragias, etc.).

Referido: Babysitio



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