La insolación es una de las consecuencias más graves de la sobreexposición al sol. Los niños menores de cinco años son los más vulnerables a la insolación, y más aún los menores de un año. También lo son los niños con obesidad, desnutrición y enfermedades crónicas.

La temperatura del cuerpo es por lo general muy elevada, y baja, mediante la transpiración y la irradiación de calor a través de la piel. Cuando el calor es muy intenso, el sistema de autorregulación de temperatura del cuerpo del niño falla, lo que permite que el calor se acumule hasta alcanzar niveles peligrosos.

Si el niño, está muy deshidratado, no puede sudar lo suficiente para enfriar su cuerpo, por lo que su temperatura interna aumenta, pudiéndole causar una insolación.

Además de la temperatura elevada, un niño puede presentar otros síntomas como dolor de cabeza, náuseas, vómitos, piel seca, enrojecida y caliente, mareo, desorientación, alucinaciones, convulsiones, latidos de corazón rápidos o fatiga.

El tratamiento más común y efectivo para la insolación en niños es sumergirlos en una bañera con agua tibia y refrescarles la frente con un paño fresco, hasta que su temperatura baje a 38 ºC. Si no hay bañera a la mano, quítale la ropa y empápalo con agua fría.

Mantenlo alejado del sol, vístelo con ropa fresca y no ceñida al cuerpo, no le apliques alcohol (produce intoxicación), no le des medicamentos antifebriles, y mantenlo hidratado.

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1 comentario
junior paolo comentó el 14.01.2011 a las 5:49 am

es mui bueno

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