Contar un cuento para dormir no es lo mismo que contarlo cuando es de día o estamos entre varios niños, es muy distinto.
Si, cuando contamos un cuento por la mañana (o durante el día) solemos escenificar muchas escenas para hacer partícipe al niño en el cuento, por la noche los cuentos han de ser más relajados.
Los bebés pasan la mayor parte de sus días durmiendo cual angelitos, pero esta actividad que ocurre por obra y gracia de la naturaleza puede crear conflictos entre los ellos y sus padres: se despiertan cada dos o tres horas, y no existe para ellos diferencia entre el día y la noche.
El resultado: padres desesperados porque no pueden dormir y no tienen las fuerzas para atender al bebé y sus asuntos diarios. Pero, aunque pareciera que el sueño del bebé es un caos, en realidad sigue un patrón.
Después del parto, uno de los mayores retos para la madre es poder dormir. Si durante el embarazo era difícil debido al insomnio, los dolores, la incomodidad de la barriga y demás, ya con el bebé en casa es mucho peor: ya no puede dormir cuando quiere, sino cuando puede.
Pero esto no se debe solo a las exigencias de nuestro pequeño, sino también a las hormonas. Durante el posparto disminuye de forma brusca la progesterona, una hormona que tiene un efecto sedante en el cerebro.