Como sabemos, la piel es la principal barrera de protección de nuestro organismo contra agentes externos. A la vez, mantiene la integridad de nuestro organismo contribuyendo a sostener numerosas funciones vitales, entre ellas mantener nuestra temperatura corporal adecuada.
Cuando nacemos, nuestra piel presenta algunas diferencias con la del adulto. Precisamente en esos detalles es que nos detenemos en la propuesta de hoy.
La dermatitis atópica es una enfermedad de la piel que se presenta por la general a partir de los 2 o 3 meses de edad y que afecta a un 5% de niños. No obstante, esta cifra va en aumento debido al aumento progresivo de la contaminación ambiental.
Los bebés que la sufren presentan tienen la piel seca, enrojecida, les pica mucho y se les pela. La dermatitis atópica es una enfermedad crónica y cuando aparece que va a mejorar, pueden aparecer brotes nuevamente.
La piel del bebé sobre todo cuando son pequeños, es bastante irritable y, algo que a nosotros no nos parece nada, puede suponer para el niño o niña una erupción o enrojecimiento bastante intenso y molesto.
Durante los primeros años de vida, la piel del bebé debe cuidarse lo mejor posible para evitar así que sufra daño. Por ejemplo, un simple arañazo, para nuestra piel, no es nada que no se cure en diez o quince minutos como mucho, pero para los niños puede suponer un enrojecimiento, o incluso una brotación de la sangre, por lo fino de su piel.
Casi todas las mujeres tenemos, en especial las primerizas, una imagen muy linda de los bebés en la mente, es por ello que algunas se sorprenden mucho al ver a su bebé recién nacido: les sorprende su apariencia, muy distante de los perfectos bebés de los comerciales.
Pero no hay por qué alarmarse, todos los recién nacidos tienen una apariencia un tanto extraña, pero con el paso de los días y los meses se va componiendo y tu bebé empezará a lucir más lindo.